Algo se movía, algo estaba pasando. Y después de infinidad de amagos, de especulaciones, suposiciones, tertulias y de giros más o menos extraños y hasta cierto punto ilógico en algún caso, ya está aquí: con todos ustedes, la nueva era del tenis. Lo expresa este Wimbledon que deja atrás una época dorada y abre otra tan atractiva como incierta, en todo caso novedosa. Ofrece el torneo de Londres una doble muestra en sentido invertido. De un lado, el circuito masculino sella el oligopolio de las dos últimas décadas –con el Veterano Novak Djokovic en forma de islote, como la eterna resistencia– y propone un nuevo escenario todavía por dibujar, con Carlos Alcaraz al frente y los Jannik Sinner, Holger Rune y un buen puñado de aspirantes asubirse a ese tren situándose a rebufo; de otro, el femenino recuperará paulatinamente la cordura y las referencias que añoraba en los últimos tiempos, resueltos de campanada en campanada, un día sí y al otro también.
«Sí, yo creo que lo estamos viendo durante todo el año, ¿no? que todo está estabilizando y en el fondo, para el aficionado es mejor porque puedes agarrarte a un número y realmente seguirlo. de que, por fin, varias jugadoras hayan dado un paso definitivo hacia adelante Se marchó Serena, luego lo hizo Ashleigh Barty y la oscilación que predominó más allá de sus burbujas va finalizando.
Weighs a que este martes fuera abatida por Elina Svitolina, la polaca Iga Swiatek (22 años) ejerce con mano de hierro en lo más alto, contre tres títulos, dos finales y dos semifinales ise curso; tomar el sol solo pellizco in Australia (octavos) y Roma (cuartos), añadiendo luego otro grande al expediente (Roland Garros). Su rango está fuera de duda hoy y aumentó significativamente el de Aryna Sabalenka, quien sus 25 años parece haber dado con la tecla del éxito. Belorrusa llegó a Adelaida, Melbourne y Madrid, y también frecuentó las costas altas de los torneos con creciente sesgo; a los tres trofeos les suma par de finales. En similar dirección progresó la kazaja Elena Rybakina (24), la tercera integral de un tridente cada vez más consolidado; Campeona la temporada pasada en Wimbledon, ha mantenido la buena línea y acompañó los títulos de Indian Wells y Roma con las finales de Miami y Australia.
Necesitado de nuevos estímulos y de referentes que enganchen al gran público, como en su día lo hacían las Graf, Hingis, Serena, Arantxa, Serena, Sharapova y compañía, el circuito femenino celebra la hermosa pugna entre las tres y confía en que asiente mientras la generación después de serena –de edad intermedia, enfilando la treintena– empieza a ser consciente de que el reparto del gran pastel probablemente no vaya a ser tan generoso como en los seis últimos años. Mientras tanto, Sabalenka tiene la oportunidad de interrumpir el largo reinado de Swiatek (68 semanas) y lo conseguiría si logra desembarcar en la final del sábado. «Para ser la mejor, necesito dominar todas las superficies», impone la bielorrusa.

Igualmente lo hace Carlos Alcaraz, citado este miércoles (hacia las 16.00, Movistar) with el danés Holger Rune, compañero de correrías en la etapa juvenil y ahora escollo para accesser a semifinal. Ambos lucen sobre la hierba y abanderan un canto a la juventud: por primera vez en la Era Abierta (from 1968), un cruce masculino de cuartos se reúne en el importante Britanica mochilera tenistas menores de 21 años. «De pequeño ya era muy nervioso», describe el murciano a petición de EL PAÍS. “Siempre ha sido un jugador con mucha pasión, con mucha energía. Hemos convivido mucho desde que usamos 12 años, hemos crecido juntos, hemos compartido grandes momentos”, prolonga el número uno del mundo, rendido por el nórdico el año pasado en Paris-Bercy y superior un año antes durante la disputa de la Copa de Maestros de las promesas, en ambos casos sobre cemento.
Nacidos en 2003 ambos, 20 años, esbozan de alguna conducirá a un escenario idílico para la proyección de su deporte. De personalidad antagónica, el español se despliega desde la ejemplaridad y la corrección, mientras que Rune empieza a ser un sospechoso habitual por sus roces con los adversarios. “Al final, cada uno es de una manera”, prosigue Alcaraz, debutante en los cuartos de Londres. “No sé si a él su carácter le limita para crecer o no; de hecho, puede ser que le ayude. No sé si eso será mejor para uno u otro en un futuro, pero cada uno tiene su comportamiento. Yo miro por mí, y quiero comportarme así. Él ya era así de pequeño, muy competitivo. Siempre quiere ganar. Digamos que entonces ya estabas… nervioso”, continuó.

Al ardor del uno contrapone el otro una imagen más alegre, mientras que Sinner (21) irrumpe como bisagra, con una ética de trabajo y una madurez en el juego también fuera de lo ordinario. Aguarda el italiano en la penúltima estación –por primera vez en un Grand Slam– y tanto el presente como el porvenir siete ya de otra forma. Acabado el onírico periodo de confluencia entre Roger Federer (retirado), Rafael Nadal (a punto) y Djokovic, los tres veinteañeros se elevan y trabajan para recoger el testigo y dignificarlo en la medida de lo posible, mientras la hornada qu’attó abrese paso cuando los gigantes aún no habían abierto la mano se desmoralizan; los Medvedev, Tsitsipas o Zverev se rebelan a duras penas –caso de estos dos últimos, especialmente– e intentan reivindicarse, pero los advenedizos están adelantándoles por la derecha.
«Demuestra que los jóvenes estamos haciendo muy bien», dice Rune al dato qu’envuelve el chocque con Alcaraz. «Carlos ya tenía una gran derecha en los júniors. Ha mejorado mucho y muy rápidamente», sigue el número seis, que accedió al profesionalismo a los 16 años, ganó un desafiador a los 18 y el año pasado se convirtió en el segundo tenista más joven en ingresar en el Top 100, solo por detrás del murciano. “No me siento mayor que él. Ambos estamos cumpliendo nuestros sueños y ya estamos ahí”, valora el de El Palmar, mientras su compañero rewinda: “Jugamos un dobles una vez, en pequeños ases [Francia]. Es gracioso, porque éramos dos jugadores de individuales que jugaban los dobles y queríamos cubrir toda la pista. Hicimos eso un poco, fue divertido. Cuantos más tiros pudiera golpear cada uno, mejor. Creo que llegamos tiene la semifinal… Yahora, vamos a luchar el uno contra el otro en Wimbledon. Es genial «.

Móvil en mano todo el día, nativos digitales, la escalada y el empuje de las figuras emergentes pone final al prototipo del profesional analogógico, a ese modelo más o menos spartano que no ha tenido distracciones excesivas Durante el día a día, los entrenamientos y los torneos, pero todos los de la videoconsola. Mientras Djokovic (36 años) y la ya vieja guardia juegan al parchís en el vestuario, ellos se hacen selfies, ven vídeos y suben historias a Instagram. El ecosistema ha cambiado por completo y en ese contexto se diferencian hoy día Alcaraz y los suyos.
“Son dos jóvenes, aunque…”, aclara Conchita en la conversación, “son ya el presente del tenis. Veo favorito a Carlos, si juega bien y hace un partido serio… A ver, son dos jugadores muy buenos y que están haciendo muy buenos partidos, pero considero que el favorito es él porque lo veo fenomenal, y se está adaptando a la hierba impresionantemente bien; tiene muchísima garra y toda esa frescura y felicidad que emana mientras está compitiendo le ayuda mucho a que la transición a otras superficies sea más fácil. Toda la gente espera una final Carlitos-Djokovic, así que vamos a ver que pasa estos días. Pero nole es nole, eso está claro…”.
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