una franquicia que lucha y pierde al espectador

LA OPINIÓN DEL “MUNDO” – SOBRE LO QUE SE PUEDE EVITAR

Mientras que el género de terror parece, recientemente y felizmente, volver a una especie de teatro primitivo de la crueldad (el Aterrador 1 Y 2en 2017 y 2022) o ir más allá de sus propios límites abriéndose a una dimensión aún más oscura (termina halloweenen 2022), la franquicia de Gritar seguir. Créée en 1996 par le scénariste Kevin Williamson et le cinéaste Wes Craven (1939-2015), la série, qui en est à son sixième volet, se veut un jeu avec les conventions ultra-répétitives et figées de ce sous-genre horrifique qu’ es el slasheruna historia de un asesino que ataca repetidamente a adolescentes, a menudo con un cuchillo.

Los personajes, conscientes de sí mismos, se divertían con los clichés, comentándolos, adelantándose en ocasiones a las peripecias y desmontando los mecanismos helados de un género cinematográfico que comenzaba a tener su momento. El camino se volvió más importante que la causa raíz. Se podría criticar esta forma posmoderna de abordar las aventuras y desnudarlas en una suerte de cínica ironía, especulando con la incredulidad de un espectador que ya no ha terminado.

Hábilmente, sin embargo, la saga Gritar constituyó una grata mise en abyme conceptual sobre la naturaleza misma del entretenimiento cinematográfico, ubicando al cine de terror como una mercancía tanto infinitamente reproducible, como el número de asesinos en cada episodio, esto por la evolución de los medios de comunicación (teléfono móvil, Internet , redes sociales, etc.) y sujeto a la evolución contemporánea de las industrias culturales.

cambios milagrosos

Esta sexta versión retoma los personajes del episodio anterior: dos hermanas, tras escapar del asesino que asoló el pequeño pueblo de Woodsboro, se instalan en Nueva York, donde esperan recuperarse del trauma sufrido. Los asesinatos comienzan de nuevo, llevados a cabo por un individuo enmascarado, vestido como el asesino original. ¿Quién, en el séquito de muchachas jóvenes, es el asesino?

Al llevar la acción a un pequeño pueblo de Nueva York, los diseñadores de la película sin duda querían darle un pequeño lavado de cara. Es cierto que el principio de partida –el cliché, luego la designación del cliché como cliché– parece agotarse y dar lugar a interminables escenas dialogadas, donde los propios personajes revelan las convenciones de las que son prisioneros.

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El escenario aquí deja que el agua fluya desde todos los lados y, a veces, progresa de acuerdo con una serie de accidentes y reversiones verdaderamente milagrosas. El colmo, cuando uno piensa en dirigirse a un público que se ha vuelto incrédulo. Es más, a quien no haya visto o haya olvidado el episodio anterior le resultará difícil no perderse en todas las alusiones al pasado de los protagonistas. Y entonces, ¿de qué sirve querer “deconstruir” los estereotipos cinematográficos si se trata de volver, en definitiva, al elogio del amor romántico y de la familia?

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Por adatech