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Stéphane Pencréac’h, pintor de violencia y duelo

Stéphane Pencréac’h no se mueve: la pintura no debe abstenerse de captar el presente en todas sus formas, y en particular los acontecimientos políticos más violentos de la época. Conoce todas las razones que existen para dejar de intentarlo. La fotografía, el cine, la televisión, todas estas producciones de imágenes ahora son digitales y van infinitamente más rápido que la pintura: basta un momento para que estén en todas partes. En estas condiciones, el pintor solo en su estudio, con lienzos, colores y pinceles, parece haber tenido un mal comienzo. La época de Géricault haciendo el naufragio del Medusa se acabó una obra capaz de avergonzar a la monarquía y atraer a numerosos visitantes. La pintura de historia sería cosa del pasado.

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Previene. Pencréac’h mostró, en 2015, en el Instituto del Mundo Árabe, en París, una serie de polípticos con la «Primavera Árabe» como tema. Uno de ellos, Trípoli 2013ocupa casi toda una pared de las dos salas de su exposición en el Espace Julio Gonzalez de Arcueil (Val-de-Marne).

A los 52 años, el artista afirma su lógica, que seguimos hasta el lienzo retirado al final del viaje. Con derecho Bataclán, es de un formato más reducido que los polípticos y de una composición sencilla: un hombre de espaldas al que sólo se le ve la cabeza está de pie junto a un telón, en el balcón del teatro. Lo que ve, Pencréac’h no lo pintó, como tampoco en sus pinturas de la historia anterior detalló los cadáveres de las víctimas. Las formas del cuerpo están apenas esbozadas en el lienzo, que ha permanecido blanco, y las líneas de color rojo claro se cruzan sobre ellas. Es todo.

Si hubiera más, es decir una representación realista de la escena, rápidamente se llegaría a pensar que el pintor pretendía convertir el sufrimiento y el duelo en espectáculo. A Pencréac’h no sólo no le llama la atención esta sospecha de complacencia, sino que es claro que esta pintura es parte de su reflexión sobre lo que debería ser la representación visual de tales crímenes en la actualidad. Y de qué se puede hacer perdurable y memorable tal representación cuando las innumerables imágenes de las redes no tienen tiempo de registrarse en los recuerdos, quedando cada una tapada por las que surgen en el momento siguiente.

Elipse significativa

En la exposición, ofrece dos soluciones. La primera es la de Bataclán : casi nada, si no este hombre de espaldas, en rojo, el dibujo inacabado. Esta búsqueda de la elipse significante se encuentra en otras obras, entre ellas una vanitas oscura e irónica compuesta únicamente por una vela y un casco con visera negra en el que se lee la palabra “policía”. El segundo, a la inversa, es el despliegue de figuras y objetos simbólicos, muchas veces cargados de referencias pictóricas y mitológicas en espacios saturados de formas y planos de color. La gran esfinge velada que roba cartas solo puede anunciar desastrosos seres queridos. El recién nacido sacado del agua por las manos de un hombre que se ahoga es una figura del diluvio bíblico, tanto como un símbolo de los niños que mueren hoy en el Mediterráneo o en el Canal de la Mancha.

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