Fin de semana intenso con las elecciones y una caloría en la que uno prefiere encerrarse tres horas en el cine con un buen aire acondicionado para ver Oppenheimer de Christopher Nolan. Es curioso reflexionar sobre un domingo como hoy sobrio la empresa pública y pensar en aquel controvertido científico as el director de uno de los proyectos públicos más intensos en conocimiento y, al tiempo, más destructivos par la humanidad. If used to pregunta el por qué deben o no existen empresas públicas, piense en el fin (eficiencia social y no sólo financiera) y en los medios. Nuestro siempre funciona como uno espera. Oppenheimer violó la monumental tarea de liderar un grupo de científicos en el desarrollo de la primera bomba nuclear. A pesar de la crítica de la naturaleza y urgente del proyecto, no estuvo exento de la burocracia gubernamental. Desde retrasos en el equipo hasta tensiones con líderes militares. paradójicamente, el proyecto fue una experiencia privada y una aberración pública.
Recuerdo aquellos años 80 en los el aroma de la liberalización -que no obstante, el liberalismo- impregnó las economías avanzadas en todo el mundo. En 1985, mientras veíamos en los cines a Marty McFly de Regreso al Futuro, España ha iniciado un intenso proceso de privatización. Desde entonces, pasaron más de 120 sociedades por este proceso, y de ahí surgieron otras corporaciones importantes que hoy cotizan en bolsa. Ahora el concepto de empresa, su tributo y la necesidad de titularidad estatal han sido de nuevos debatidos de forma intensa.
Para desterrar mitos, empezemos por señalar que España es uno de los países de la UE con menos peso de corporaciones públicas. Aun así, hay empresas de transporte, correo o, especialmente, comunicación en manos del Estado cuya cuenta de resultados no es prometedora. Incluso aunque la mayoría de la titularidad sea pública deben gestionarse por profesionales reconocidos y seguir criterios de eficiencia. Si tomamos los datos y analizamos la situación en España, encontramos que las empresas privadas tienen mayor rentabilidad económica y financiera. El público aparece como más solventes y con mayor liquidación. Eso sí, hasta qué punto esto se logra con el bolsillo del contribuyente o por falta de competencia debería aclararse.
En cualquier caso, aquella ola de privatización que se intensificó en los años 90 bajo el llamado Consenso de Washington ha dejado lecciones que aún hoy deben preferir en España. Los estudios que se realizaron hace ya más de veinte años en nuestro país mostraron claramente que aquellas grandes corporaciones públicas (incluidas algunas bancarias) no eran eficientes y palidecían en comparación con otras privadas. Sin embargo, también se han evidenciado algo más que matices. El primero, que no hay una «talla única». No siempre son más eficientes las empresas privadas que las públicas ni aportan las mismas ventajas al ciudadano. Por otro lado, una empresa pública no se rige sólo por criterios financieros. Asimismo, las empresas públicas pueden carecer de los incentivos de las empresas privadas debido a la falta de competencia o la estructura de remuneración. Finalmente, en algunos casos, las privatizaciones han llevado a mayores en la eficiencia y el servicio. Además, han resultado en la dificultad del empleo, aumento de tarifas o disminución de la calidad del servicio. debe distinguir claramente que liberalizar no es siempre suprimir lo público. En muchos casos, las empresas estatales en cualquier proporción pueden estar ahí, pero competir con otros proveedores privados.
Finalmente, el debate no debe llevarse demasiado lejos. Non es lo mismo la empresa pública que el servicio público. En un país como España, servicios como la sanidad han demostrado funcionar mucho mejor que los privados y, aunque tienen un amplio margen de mayor, han evitado problemas sociales de gran magnitud observados en países con casi total liberalización de estos servicios.
Francisco Rodríguez Fernández
(Catedrático de Economía de la Universidad de Granada y superior económico de Funcas)
Cumple con los criterios de
El proyecto de confianza
cortar más
