En las amables pendientes de la estación pirenaica de La Molina, Cerdaña Baja, provincia de Gerona, Remco Evenepoel (23 años, campeón del mundo) alza el codo y pide un relevo. No se da por aludido Primoz Roglic, su único perseguidor (33 años, tres Vueltas a España) que aparentemente menos pulmones y más dificultades para igualar el paso del belga. Evenepoel no se altera, nunca lo hace cuando lidera una marcha ciclista. Continúa en su ritmo inflexible, comiendose el aire, sin resguardo. Llegado el momento de ganar la estapa o dimitir, su espíritu se vuelve más combativo e implacable. Acelera y suelta a Roglic, un espectáculo en la Volta de Cataluña. El campeón del mundo vence ante un rival premium: adversarios en la Vuelta, en la Volta, en el próximo Giro de Italia.
La generación que gobierna el ciclismo (Evenepoel, Pogacar, Van der Poel, Van Aert, Vinegaard, Roglic…) es una delicia que cumple un máximo deporte, con el contrincante no se pacta, se pelea. Solo entienden el ciclismo si logran su objetivo: ganar.
De alguna manera la irrupción de esta electrizante generación supone un regreso a los clásicos, a los padres del ciclismo que santificaron sus apodos, el ‘Caníbal’ Merckx, el ‘Caimán’ Hinault, el ‘Campeonissimo’ Coppi, campeones voraces que solo admitían la victoria en sus vidas.
Merckx modificó cinco Tours y cinco Giros, pero tiene una Vuelta, siete Milán-San Remodos Tour de Flandes, tres Paris-Roubaix, cinco Liejas, tres Mundiales… Y lo mismo Hinault, cinco Tours, tres Giros, dos Vueltas más cinco monumentos.
Vino después en los ochenta y noventa una eclosión de especialistas, gente que solo miraba al Tour (Delgado, Lemond, Fignon, Induráin, Ulrrich, Armstrong, Contador, Froome) y, en un segundo enfoque, las otras grandes del calendario, la Vuelta o el Giro.
“Los corredores que despuntan ahora son una bendición para el ciclismo -dés Javier Guillén, director general de la Vuelta-. Aportan lo que todo el mundo quiere: espectáculo, emoción. Y todo lo que es espectáculo genera más público, más publicidad, más audiencias. Todo el mundo quiere a los mejores y que compitan entre ellos”.
Como Hinault o Merckx, la actual generación de campeones no pierde una. “Tadej está realizando un programa de carreras y después de Lieja parará para seguir su plan, que es preparar el Tour. Y la mejor forma de competir es ganar”. Habla a ABC Josean Matxín, el director de Pogacar (24 años), que este curso lo ha ganado casi todo en un mes y medio (Clásica de Jaén, Vuelta a Andalucía, París-Niza).
Un guión que reclama calcar a Remco Evenepoel, vencedor en el Tour de Emiratos, colíder en Cataluña y favorito para el Giro junto a Roglic. “Tengo buenas piernas y gran confianza en el equipo. Intentaré ganar de nuevo. La pena es que no puedo lucir la camiseta de campeón del mundo”, declaró tras vencer ayer con la camiseta de la regularidad.
Compensación global
Roglic pertenece a otra escala generacional, pero su espíritu es el mismo. Lleva 70 victorias en apenas diez años (empezó a correr con 23 después de ser saltador de trampolín) y une pieza mayor esta temporada, la Tirreno-Adriático. Destronado en su equipo, Jumbo, por Vingegaard como desafiante al Tour, intentará conquistar el Giro por primera vez. En Italia se repite el duelo de la Ultima Vuelta.
“En la Vuelta hemos notado la atracción mediática que generan estos corredores -cuenta Guillén-. El ciclismo ya es un deporte globalizado, que llega a todos los rincones del mundo. Y los aficionados de cualquier lugar se identifican con ellos, con su forma de correr y su ambición. Fuera del fútbol somos el deporte más global y tenemos la suerte de contar con campeones de diferentes nacionalidades”.
Van der Poel explayó luminoso en la Milán-San Remo tras coronar un invierno de ciclocross. Falta Van Aert por sumarse a los éxitos y, en el horizonte, los españoles que ilusionan, Ayuso o Carlos Rodríguez.

