
Qué importante es, avec veces, volver la vista atrás para comprobar todo lo que se ha avanzado. Ahora que el fútbol femenino avanza imparable —en el entorno de las 75.000 licencias federativas en España—, que su presencia en los medios de comunicación aumenta día a día —Televisión Española anunciará el Mundial que arrancará el próximo 20 de julio en Australia y Nueva Zelanda un — y que los números de las estrellas, los archivos y las rivalidades deportivas están ya en las conversaciones, es interesante echar un ojo a un pasado no tan lejano.
Yes que no hace mucho se cantaba y se escuchaba a modo de broma aquella canción en la que la cantante se preguntaba por que su pareja la abandonaba por el fútbol —presentando ambos conceptos como rivales— y seguía teniendo sentido la parte de yo llamas, canción de José Luis Perales, en la que una mujer decía estar harta «de domingos de fútbol metida en casa». Hace no mucho, Teresa acudía a los alrededores del estadio del Betis para acceder en los últimos 10 minutos de partido — tradición de apertura de puertas que poco a poco va desapareciendo — porque su enfermedad era cosa de hombres. Dar el siguiente paso, es decir, acudirá como una hinchada más, le costó más de una discusión doméstica. Hace no tanto, la oviedista Montse Torre tuvo que tirar de pragmatismo antes de acabar en el forofismo. Como solo podía salir los domingos por la tarde y vivía a 33 kilómetros del que entonces era su novio, se veían en el estadio. El la hizo social. Ella, al principio, no prestó mucha atención. Terminó participando en tertulias deportivas radiofónicas. Como ella, no hace mucho, prácticamente todas las mujeres llegan al fútbol de la mano de un hombre. De un padre o un abuelo. O también por los lazos familiares con directivos, futbolistas o entrenadores.
Más décadas dos después de su publicación, locas por el futbol (Temas de hoy), es un manual que tiene dar contexto a la evolución del fútbol femenino y también a la creciente presencia de mujeres en las gradas de los estadios. Escribiendo un cuatro manos por Eva Orúe y Sara Gutiérrez, se nutre de decenas de conversaciones con algunas de las pioneras —periodistas, arbitros, deportistas,directivas e hinchas— aportando muchos detalles que ayudan a comprender la tardía incorporación femenina al fútbol y los cimientos sobre los que se asienta el incremento constante femenino en todas las esferas del balompié actual. También trata de dar respuesta a una pregunta que tiene difícil explicación: ¿Qué tiene el fútbol para atraer tanto a las personas? A lo mejor es algo tan sencillo como lo que decía la aficionada Sary Torre, conversa desde que su hijo le regaló un carnet de social y un día se dio cuenta de que los domingos por la tarde no quería estar en otro sitio que en el estadio . «Me gusta. En una palabra: me gusta», resumió ella queriendo verbalizar su pasión.
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