Ono espera, a priori, que una organización que lucha a diario contra el racismo, el antisemitismo y la discriminación se pronuncie sobre el tema de una reforma de las pensiones, salvo para alertar de que la ira puede provocar fracturas en la sociedad, con una mayor gusto, en los últimos años, por los discursos más desinhibidos. Los abusos del discurso político emergen durante los debates sobre la reforma de las pensiones, nos interpelan y nos preocupan.
Lo que se relaciona con la calidad del debate público y el respeto a las instituciones republicanas nos preocupa en primer lugar, porque sabemos que el buen funcionamiento del marco republicano depende precisamente de nuestro futuro común. En la configuración actual, la lógica antisistema afirmada en ciertos escaños de la Asamblea Nacional encuentra perfectamente su cuenta allí: cuando La France insoumise (LFI) se dedica a provocaciones desvergonzadas, se divierte con los insultos pronunciados contra tal o cual ministro, la Asamblea Nacional Rally (RN), en silencio calculado, un fino juego de posar como un partido respetuoso, garante de las instituciones y del orden republicano. En ese sentido, sí, LFI y sus infantiles provocaciones sirven de trampolín o lanzacohetes para RN: hay grandes riesgos de que el partido de Marine Le Pen, acechando en las sombras, coseche, llegado el día, los votos de los electores. cansado u ofendido por estas repetidas controversias.
Ante esta sombría perspectiva, no podemos quedarnos sin palabras. Algunos dirán que al reaccionar ante estos estallidos, estas invectivas parlamentarias, estamos saliendo de nuestras prerrogativas. Que no se trata aquí de antisemitismo, racismo o discriminación. Sin embargo, la lucha contra estos flagelos no puede desvincularse de la buena salud de nuestra República y de nuestra democracia. Dejemos que esto último se desvíe y nos desviaremos del rumbo universalista, que es el único que tiende a la igualdad real.
Deriva generalizada
Los patéticos excesos del lenguaje, el afán de provocar día tras día como estrategia asumida por La France insoumise. La formación política se ve a sí misma como revolucionaria, lo que sin duda legitima ante los ojos de sus ejecutivos que pueden permitirse cualquier cosa, hasta los golpes más viles. Existe un gran riesgo de que esta estrategia transforme el alto lugar de la democracia que es la Asamblea Nacional en un campo de batalla estéril. Déjenme ser escuchado: en esta arena, los desacuerdos siempre han sido libremente expresables, como lo demuestran los informes de los debates parlamentarios del siglo, donde saboreamos, página tras página, los destellos de un lenguaje político rozado con las más acerbas rivalidades. No, lo que preocupa hoy es la instalación en el corazón del Hemiciclo de un estado de ánimo que debilita las instituciones.
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