Es para el Partido Comunista Francés (PCF) un ejercicio táctico, tanto como un esfuerzo doctrinal: el entrenamiento dirigido por Fabien Roussel realizado el miércoles 29 de marzo en su sede de la Place du Colonel-Fabien en París, un coloquio vigorizante sobre exterior. El título inicial del evento que reunió a parlamentarios y académicos, “La diferenciación al servicio de la igualdad republicana”, tuvo que ser enmendado – causó algunas fricciones internas, admite el secretario general del PCF. Ir por “El derecho de ultramar al servicio del desarrollo y la igualdad republicana”.
Básicamente, el problema sigue siendo: “Durante la elección presidencial sentí la urgencia de actualizar nuestro pensamiento, estamos atrasados, no estamos en sintonía con los pueblos de ultramar”indica el excandidato, acercándose al congreso de su partido que tendrá lugar en Marsella del 7 al 10 de abril.
En Cayenne o Pointe-à-Pitre se expresa con fuerza la desconfianza frente al Estado centralizador, la desilusión nacida de los fracasos de la promesa igualitaria de la República. Es en la oposición, por la izquierda, donde pesan los diputados de Guayana, las Antillas o Reunión. Y más concretamente dentro del grupo comunista de la Izquierda Democrática y Republicana (RDA), 22 cargos electos, que no podrían haberse formado sin sus 10 en ultramar. “Tomaron el poder dentro del grupo de la RDA”, observa incluso sin amenidad Younous Omarjee, eurodiputado La France insoumise (LFI) de Reunión. Según él, es gracias al surgimiento de la Nueva Unión Popular, Ecológica y Social (Nupes), que ha introducido más consultas entre los grupos en la Asamblea, que los diputados de ultramar se han acercado. Reunidos en Cayena en enero, anunciaron que querían «caza en manada».
El fracaso de la departamentalización
En su «llamada desde Fort-de-France» de mayo de 2022, seis presidentes regionales ya habían llamado al presidente Emmanuel Macron a revisar las relaciones entre los territorios de ultramar y el Estado, en un esquema «a la carta», territorio por territorio. El impulso colectivo no es evidente, cuando la Guayana Francesa quiere la independencia, Martinica la autonomía, Reunión una «mejoramiento» de la Constitución, mientras que Mayotte aspira a acelerar su departamentalización. Ella está sola: llevada por Aimé Césaire, la departamentalización obtenida en 1946 como una emancipación frente a la colonización es ahora sinónimo de fracaso, en tanto no ha corregido las desigualdades sociales entre los departamentos de territorios de ultramar (DOM) y la metrópoli, ni cambió el modelo asimétrico de la economía colonial. “Resulta en tensiones sociales, incluso socio-raciales muy fuertes, y en un cuestionamiento de la relación de los territorios con el Estado, que es percibido cada vez más como un cuerpo extraño”analiza Justin Daniel, profesor de ciencias políticas en la Universidad de las Indias Occidentales.
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