IEl “cueste lo que cueste” está muerto, ¡viva “cueste lo que cueste”! Durante meses, si no años, el Gobierno y Bercy llevan tratando de explicar que gastar miles de millones de euros para paliar las sucesivas crisis que sacuden el país no solo es más viable, sino que está más en la agenda. “¡Se acabó el ‘cueste lo que cueste’! », aseguró el ministro de Economía, Bruno Le Maire, con mascarilla en el rostro, durante las universidades de verano del Medef, en… agosto de 2021.
Una pérdida de tiempo: después de las diversas oleadas de la crisis sanitaria, que llevaron a la explosión de la deuda Covid -unos 150.000 millones de euros en total-, las rebajas de las promesas de campaña de Emmanuel Macron para las elecciones presidenciales de primavera de 2022, luego la crisis energética provocó por la guerra en Ucrania, cada vez pospuso el retorno a la virtud presupuestaria.
Aunque a nadie, en el escenario político, se le haya ocurrido criticar la gestión económica de la pandemia o las ayudas para el pago de las facturas de gas y luz, la trampa ha remitido al Gobierno: cómo explicarle a los ingleses regados durante tres años. «dinero mágico» que de repente las arcas están vacías para nuevas ayudas? Sobre todo porque el tema de la inflación, y su corolario político, el poder adquisitivo, sigue pegado en la piel del jefe de Estado como la curita del capitán Haddock.
El último episodio, sin embargo, pareció marcar un cambio en la estrategia del gobierno: ante el alza de los precios de los alimentos, en medio de la Feria Agrícola, Emmanuel Macron se vio atrapado entre las recriminaciones de industriales y agricultores por un lado, y las alertas de las cadenas de supermercados, por otro lado, cada uno devolviendo la pelota en cuanto a la posible responsabilidad por el color rojo brillante de los recibos. A pocos días de la movilización social de los 7 de Marzo, es imperativo encontrar una solución política.
Beneficios asombrosos
Fue elegido el lunes 6 de marzo, tras varios días de póquer mentiroso entre los sospechosos, lo que permitió a Bruno Le Maire anunciar que los distribuidores pagarán “varios cientos de millones de euros” de su bolsillo para bajar sus precios. Y qué importaba que la mayoría de los grandes minoristas ya hubieran orquestado sus propias campañas de promoción o que la verificación de estos compromisos minorista por minorista fuera una ilusión: esto permitió al Ministro anunciar una “trimestre antiinflacionario”… a un menor costo para el Estado.
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