Cuando la directora de casting Tatiana Vialle compartió imágenes de la audición de Karim Leklou al director Clément Cogitore para el papel principal en gota de oro, ella se negó a comentar. “La evidencia era tal que no había nada que decir”, ella asegura. Convocado para un juicio, el actor no sabía mucho sobre el papel, excepto que era un medio. De cara a la cámara, se presentó con una pequeña piedra, comprada por unos pocos euros en La Cornaline, una librería de la rue Saint-Lazare, en París, que concentra textos esotéricos y objetos de litoterapia. “Poseía una interioridad, un poder de evocación que los demás no tenían, enfatiza Tatiana Vialle. Parecía, en los silencios, captar los pensamientos de su interlocutor. »
Mirándola, Clément Cogitore, que escribió el papel de esta clarividente, manipuladora y cerebral, apodada «mago» por comerciantes locales y migrantes, señaló «amabilidad en los ojos» del comediante. «Como no desconfiamos de él, Karim crea una empatía inmediata con el espectador y permite una gama de matices que no había imaginado del todo para el personaje», explica el cineasta. Así Karim Leklou consiguió su mejor papel hasta la fecha en este “mística polar urbana”, como él lo resume, en cines el 1oh Marzo. Un trabajo que se completa para ofrecer un espesor melancólico a este modesto cuarentón que se ha hecho un nombre con numerosas partituras secundarias a lo largo de los últimos diez años.
Mezclarse en universos
Ramsès, su personaje, es un médium que se desarrolla en el barrio parisino de Goutte-d’Or, entre Barbès-Rochechouart y la Porte de la Chapelle, y cuyas habilidades se basan en una búsqueda preliminar del smartphone de sus visitantes y sus rastros dejados en particular en las redes sociales. un papel que «no era a priori para [lui]está de acuerdo Karim Leklou. Fue descrito como un jugador, el príncipe azul del barrio. En otras palabras, yo era una contrapropuesta”, supone, en un café cerca de la Place de Clichy. Además, para trazar un duelo real entre Ramsés y él, se lanzó a un ejercicio que le gusta, el de la preparación minuciosa.
Mes y medio de esclarecimiento de diálogos, documentación, pruebas de cámara en las calles de París aún sujetas a llevar mascarilla contra el Covid-19, lecturas con un grupo de niños, personajes de pilluelos de la calle, inmigrantes de Tánger que chocan con los de Ramsés trayectoria… Y discusiones interminables con Clément Cogitore y Tatiana Vialle. “Queríamos descartar efectos demasiado espectaculares desde el principio, como la arenga de un pastor evangélico americano o las improbables promesas que hacían añicos todo reconocimiento, como leo en los volantes recuperados en Barbès, estos clarividentes que se decían capaces de ambos para solucionar tus problemas sexuales y reparar tu PlayStation”, el actor se divierte. Al contrario, le compusieron un uniforme todoterreno jeans-camiseta, no lo convirtieron ni en deportista ni en galán, hasta el punto de dejar en manos de Karim Leklou el cariño por su antihéroe. “Muy rápido, ya no vi al personaje como un sinvergüenza, sino como un buen psicólogo que consuela las almas”, él dijo.
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