Libro. Un robot llamado Paro ingresó a un asilo de ancianos hace unos años. Este juguete suave de alta tecnología que parece una cría de foca estaba destinado a fomentar la interacción con los residentes y brindarles tranquilidad. Pero rápidamente surgió un problema: su llegada “desestabilizaba la relación personal e íntima que el cuidador había logrado crear con el anciano debilitado”, explica Marc-Eric Bobillier Chaumon, profesor de psicología del trabajo en el Conservatorio Nacional de Artes y Oficios. El profesional “se hizo invisible en esta tríada” y se sintió excluido, inútil. «No siempre soy de mucha utilidad, de hecho»subrayó entonces, mientras evitaba su rechazo por esto «competidor».
La situación demuestra que la introducción de tecnologías que son tan efectivas como efectivas puede ser complicada. ¿Cuáles son los obstáculos para la aceptación de los cambios digitales por parte de los empleados? ¿Qué impacto tienen sobre ellos, pero también sobre su actividad? ¿Cómo evoluciona la percepción que tienen de su trabajo, de su lugar en su organización? M. Bobillier Chaumon ha considerado estas preguntas en su último libro, Psicología del trabajo digitalizado (Dunod, 208 páginas, 26 euros).
A lo largo de las páginas, el autor nos invita a ver lo que sucede más cerca del campo, detrás de los efectos de anuncio que a menudo acompañan el despliegue de innovaciones. En un enfoque antropocéntrico, “busca menos medir la aceptabilidad de la tecnología en sí misma que evaluar la aceptación de prácticas que estas nuevas herramientas permiten, previenen o reconfiguran de manera efectiva”.
Repercusiones positivas
Como en el Ehpad donde llegó el robot, el soplo de la tecnología puede trastornar profundamente el día a día profesional de los empleados y su estado de ánimo, con posibles impactos en su salud. «No es solo lo que haces con la tecnología lo que cuenta, también es en lo que te conviertes a través de su uso», resume el autor. El sentimiento de invisibilidad que siente el cuidador es una de las expresiones de ello.
Otro ejemplo: un sentimiento de degradación puede apoderarse del empleado de una plataforma logística equipada con un «toma de voz»lo que le impone el camino más corto y los productos a seleccionar para componer su paleta. “Se desautoriza totalmente la competencia del profesional”, señala el autor. Del mismo modo, algunos empleados inmersos en un cambio tecnológico podrían preguntarse sobre su utilidad profesional, pugnando por evaluar su contribución efectiva al trabajo que realizan, mientras su actividad se desmaterializa y “distribuido en sistemas hombre-máquina”.
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