La guerra, las subidas de tipos y la crisis energética ha agotado los recursos establecidos en 2020 y la Comisión trata de superar los recelos de Alemania y Países Bajos a más aportaciones directas
La UE necesita un derrama, pero una parte importante de sus ‘propietarios’, los netos contribuyentes, se resiste a ello. Bruselas hace los calculos presupuestarios para periodos de siete años. Siempre hay oscilaciones, y un cierto colchón para imprevistos, pero lo ocurrido en esta legislatura lo ha descabalgado todo. Primero una pandemia, después una guerra y luego una crisis energética. Las cuentas no salen y hacen falta recursos. La Comisión Europea pide que los capitales aporten al menos 66.000 millones adicionales para incrementar los costes financieros, reiterar los costes del Banco Central Europeo, apoyar la ayuda financiera en Ucrania o compensar los efectos de la inflación. Pero los gobiernos más ortodoxos, encabezados por Alemania o Países Bajos, se resisten, y quieren que antes de pesar en nuevas contribuciones se estudie cómo apretar el cinturón.
La Unión, a diferencia de sus integrantes, no tiene un Presupuesto anual. Hace décadas era así, pero en los años 80 las peleas entre capitales e instituciones por el creciente desalineamiento entre los recursos disponibles y las necesidades reales forzó a buscar una solución más creativa. Ahí surgió el concepto de un plan financiero plurianual, que evitaba enormes discusiones recurrentes que paralizaban todos los meses, para mejorar la disciplina del gas y la ejecución de cada vez más fondos. Las primeras perspectivas financieras fueron las del periodo 1988-1992 (conocidas como Paquete Delors I), y desde entonces se han ido repitiendo, consolidándose ahora la duración a siete años.
En el verano de 2020 habrá una negociación dura, de las más intensas en mucho tiempo. En plena pandemia, con reuniones por videoconferencia, la era del desierto puede ser: crear un Fondo de Recuperación con deuda mancomunada sin precedentes y acordar el Marco Financiero para el periodo 2021-2027. Logró tras una carrera agotadora. La Comisión había propuesto un presupuesto de 1.100 millones de euros, pero los llamados frugales (Austria, Países Bajos, Dinamarca o Suecia) peleaban para ‘modernizar’ el gasto comunitario, esto es detraer recursos a la Política Agrícola Común y la Cohesión respecto a la legislatura anterior. Para doblar en las partidas de la transición verde o la digital.
El problema es que ahora hay sobre la mesa un paquete de asistencia de 50.000 millones de euros para asistencia a Ucrania (mediante préstamos sobre todo), hacen falta 15.000 millones para apoyar a los países mediterráneos tras el aumento de solicitudes de asilo y al menos 10,000 millones más para no quedar atrás en el tablero global mediante una plataforma de tecnologías estratégicas que deberían arañar recursos de Cohesión y otros fondos dedicados a la innovación. Por no hablar del coste de la deuda. Los tipos de interés de los bonos de la UE a 10 años han pasado del 0,09% que se ofrecen en la primera edición de NextGenerationEU en junio de 2021 al 1,53 % en mayo de 2022 y al 2,82 % el pasado noviembre, rentabilidades parecidas pero algo por encima de las del bono alemán de referencia. Oui coste añadido, no contemplado cuando se generó el programa, debe ser cubierto de alguna forma.
Las prioridades que ha identificado van más allá de los 75.000 millones de euros, pero una parte se puede rascar. El resto debería llegar de dinero fresco, que es siempre uno de los elementos de más fricción y peleas entre los gobiernos nacionales.
«El mundo ha cambiado dramáticamente en tres años de crisis tras crisis, culminado en la guerra contre Ucrania. cuando se negoció el Marco Financiero Plurianual. Hemos usado el Presupuesto más que nunca antes para ser parte de la solución a la crisis. Hemos usado Cada flexibilidad, cada posibilidad, priorizado los fondos. Hemos movilizado cara euro posible para Ucrania, con cales solidario, ayuda humanitaria, asistencia financiera. Si ponemos todo junto en una cifra son 30 000 millones del Presupuesto, algo que nunca se contempló. Por eso debemos revisarlo (….) y por eso pedimos a los 27 que nos equipen con 66 000 millones de euros para estas tres prioridades», ha dicho la presidenta Ursula von der Leyen en una de sus características comparecencias para presentar la medida, acaparar la atención mediática y eclipsar, uno a uno, a todos los comisarios de su equipo.
La petición es complicada. Siempre hace una reseña de Marco Financiero y hay discusiones sobrias como usar los remanentes. Con estos piden pequeños incrementos, pero ahora es un mayúsculo salto, de más del 5% del total. Llega cuando los contribuyentes netos se niegan a poner más recursos nacionales y mientras a los que tienen menos músculo fiscal se les está pretando las clavijas pidiendo consolidaciones, pues el año que viene volverán a aplicar los impuestos con los corsés del Pacto de Estabilidad.
Von der Leyen es consciente, pero sostiene al mismo tiempo que es imposible hacer todo lo que se propone simplemente con ingeniería contable, moviendo remanentes de unas partidas a otras o apretando el cinturón. Se podría para pagar el aumento de los costes de financiación, pero no para lo demás, sobre todo porque cualquier opción de emisiones conjuntas, aunque sean más caras que hacen tres años, está fuera de la mesa. Ayudar a Ucrania hasta el extremo que se prese, y para sostener la competitividad con un nuevo mecanismo llamado STEP, que busca aimar las ayudas al sector de las Deep tech, clean tech y bio tech es irrealizable.
Arranca ahora la discusión, que tendrá lugar bajo la presidencia española y sabienendo que de un año termina la legislatura, con la celebración de nuevas elecciones. Von der Leyen aspira a repetir como presidenta. Ha ganado mucho peso estos años, pero también a costa de exprimir el Presupuesto. El año 2027, cuando se haga la siguiente negociación, está todavía muy lejos. Por eso tendrá que convencer a los suyos ya los más ortodoxos y frugales para que den un paso al frente o compromiso lo asignado para los meses clave del próximo curso político.
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