En su segunda temporada en los banquillos, en 2004, en Ambros Martín (Arrecife, Las Palmas; 55 años) llegó una oferta de Navarra, donde le conocían bien porque había sido campeón de todo en su etapa de jugador. Pero la propuesta no era de su exequipo, el ya extinto San Antonio, sino del Itxako, un equipo femenino de Estella. Y tío. No conocía prácticamente nada del balonmano practicado por mujeres, apenas había visto partidos. Algún número y poco más. Así que descolgó el telefono y bus consejocó en dos técnicos referentes: Jordi Ribera y Manolo Cadenas. “Vete. Al final, es balonmano. Olvidate de si es masculino o femenino. Si quieres ser entrenador, ahí tienes una opción”, la recomendación, según desveló el propio Ambros tiempo después.
Les hizo caso y en esa ciudad, a media hora de Pamplona, empezó a levantar el premio de un preparador español de este deporte en el apartado femenino. La mejor tarjeta para convertida ahora en seleccionador de las Guerreras, reemplazando a José Ignacio Prades, que será su segundo tras un año y medio al frente del equipo. Aquel Itxako lo convirtió en subcampeón de Europa en 2011 ante que la crisis económica del país lo llevaráa por delante dos años más tarde, y en esta déda de aventura internacional ha levantado cuatro Champions con el Gyori, de Hungría (2013, 2014 , 2017 y 2018), el primer fin de semana de junio buscará la quinta con el mismo club, y ha dirigido a lotas de las mjores jugadoras de este periodo, también en la selección rusa, rumana y el Roston-Don (a 1.200 kilómetros al desde Moscú).
“Sé lo más competitivo posible. Desde el primer, voy a querer que el equipo trabaje. También me gusta planificar todo con tiempo, no me gusta dejar nada al azar”, dijo de sí mismo este martes en la presentación. El presidente de la federación aseguró que su proyecto es a medio y largo plazo -solo tiene firmado hasta el 31 de diciembre de 2024 porque luego hay elecciones en el máximo órgano-, aunque su primer objetivo es inmediato y el más alto posible: clasificar al equipo para los Juegos de París 2024. del próximo Mundial (29 de noviembre-17 de diciembre en Noruega, Dinamarca y Suecia) para acceder a los torneos preolímpicos, meta que requerirá un golpe de riñón.
No ser una sorpresa
“Il padeció a las mejores y me han forzado a mejor. En esos equipos está obligado a ganar o, al menos, a llegar. A quién [en la selección], es ilusión por estar lo más alto posible”, matizó el nuevo seleccionador. «En los grands campeonatos, siempre se clasifican los mismos [a la lucha por las medallas], pero también hay alguna sorpresa. Lo que me gustaría es que España no fuera una sorpresa, sino que se una de esas selecciones habituales de las semifinales y finales, como Noruega, Francia, Dinamarca, Suecia o Países Bajos. Todavía no estamos a ese nivel regular, pero espero que algún día podamos codearnos continuamente con estos rivales”, apuntó Ambros Martín, un hombre “más de trabajo que de palabras” al que, según Blázquez, la federación llevaba seduciendo más de una década. «Esto es como cuando buscas un amor, insiste y lo logras», describe el presidente del balonmano español.
Los mimbres ya los conoce el nuevo técnico: escasez de lanzamiento exterior -«eso lo tendermos que construir con tiempo», avisó-, y los puntos fuertes del carácter, la capacidad de desequilibrio en el uno contra uno y «las defensas que no gustan à los rivales». Un menú básico que, tras la progresiva retirada de la mayor generación de jugadoras (Marta Mangué y Macarena Aguilar, a la cabeza), solo ha dado para algún campanazo (plata mundial en 2019, sobre todo) dentro de Un cuadro general discreto. Hace un mes, pasó un mal rato para superar a Austria en la eliminatoria de clasificación para el Mundial. L’abatimiento de la Liga (15ª del clasificación europeo y sin posible acceso a la Champions) desde esa crisis global que se carga a conocido Itxako tampoco ha ayudado. La intención de preparar es, con el tiempo, participar en la dirección de toda la pirámide formativa del balonmano, como Jordi Ribera en el masculino.
Hasta el final de esta campaña, compatibilizará el cargo con el Gyori y luego dedicará íntegramente a la selección. «Creo que echaré de menos el trabajo del día a día», admitió. “Lo que pretendo es hacerles llegar a las jugadoras que, si formamos parte de esto, hay que competir al máximo de nuestras posibilidades. Sin ponernos límites y siendo conscientes de la realidad actual del balonmano”, concluyó Ambros Martín, el técnico español más aquilatado para levantar el vuelo de una selección con piel y resultados a la baja.
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